Normalmente no pienso mucho en ello. Hay días en los que ni me acuerdo, días en los que soy simplemente feliz, me siento feliz. Tengo mucha gente a mi alrededor (unos mas lejos, otros mas cerca...) que me quiere y me lo demuestra, tengo una vida llena de quehaceres y proyectos, un futuro a veces incierto pero siempre excitante. Incluso de vez en cuando me gusta asomarme al precipicio de ese desconocido porvenir, y adivinar dónde caeré, en qué tropezaré, a quién encontraré en el camino...

Pero a veces no puedo evitar pensarlo. Soy diferente. Por muchos amigos que tenga, por mucha aceptación social, por muy guapo que sea para mi madre, por mucha batalla legal que se haya ganado o por mucha carrera que esté a punto de conseguir, por mucho que me implique en actividades sociales o por muy mala letra que tenga. Es así.
No tengo nada que demostrar. No quiero demostrar nada. Estoy harto de esforzarme por ser la mejor versión de mí mismo y encontrarme con estas barreras... ¿Es mucho pedir un poco de tolerancia? Para algunos supongo que sí. El caso es que no tengo piso, no tengo EL piso... por ser como soy.
Y no, no me voy a hundir por esta gilipoyez, aunque ahora mismo la impotencia no me permita ni siquiera llorar. Porque esto solo es un bache, un escalón, y cuando lo suba me reiré con rabia desde allí arriba, por mucho que me duela que estas cosas pasen.
Es una auténtica lástima. Para mí porque tendré que seguir buscando piso... A tí te dará igual y no te deseo nada malo, cada uno tiene sus propias convicciones morales... Simplemente me gustaría que si alguna vez alguien formara una familia contigo, tuvieras un hijo o una hija... diferente.