Conocí a una mujer que no tuvo muchas oportunidades en su vida. Aprendió a leer y a escribir como pudo, con el típico maestro que andaba de cortijo en cortijo enseñando por un plato de comida y un techo donde descansar unas cuantas noches. Borraba los cuadernos donde ya habían aprendido a escribir sus hermanas mayores y los rehacía con esmero. Leía poesía, cosa que le costó un disgusto una vez que, accidentalmente, quemaron el libro de poemas que una vecina les dejó por tenerlo muy cerca del candil.
Como no había mucho más que hacer, empezó a coser desde muy joven, y no precisamente en buenas condiciones. Su madre murió cuando ella aún la necesitaba, así que tocó apencar junto con sus 5 hermanos para sacar adelante una casa donde el padre no se desvivía precisamente por ellos. Pero salieron adelante, y ella lo perdonó todo, e hizo de tripas corazón por cada noche en vela, por cada dolor de espalda, por cada lágrima que nadie vió.
Al tiempo conoció a un chaval, cuya familia fue conocida en la región antaño por sus tierras. El chico era un poco gambitero, pero cuando ella le dijo que si quería algo con ella tenía que ser algo más formalito, cortó de raíz porque así es él (también lo conozco y es la mejor persona del mundo sin duda alguna).
Se casaron sin muchos medios, se les iba a pasar el arroz y apuesto que la gente del pueblo ya hablaría. No pudieron comprar casa, ya que el poco dinero ahorrado siempre se iba en la labor del campo. Así que la mujer siguió trabajando como una mula hasta cuando pudo para que los críos que después vinieran no tuviesen falta de nada. Y no la tuvieron, ni material, ni afectiva. Por el día sólo había ojos y manos para los retoños, un niño y después una niña, y por la noche cosía en una vieja máquina para tener siempre lista la tarea.
Para cuando estos críos pudieron apañárselas solos, su salud se había resentido de una vida entera de sacrificios. Le diagnosticaron una enfermedad rara, de estas que solo se conocen cuando te toca a tí o a alguien muy cercano. Pero ella siguió siendo ejemplo de paciencia, aceptación de las limitaciones y lucha diaria desde estas. Y cuando le tocó descansar porque la enfermedad así lo exigía, se lo tomó como el descanso que había estado esperando durante toda su ajetreada vida. Ahora cose por hobby, y le está haciendo un cuadro de La Alhambra en punto de cruz a su hijo, que está medio loco y vive en el extranjero. Aprendió a usar Skype por él, y pasó de no haber tocado nunca un ordenador a ver los capítulos de cierta telenovela de tve en línea vía su página web.
Esa mujer hoy cumple años, muchos gracias a Dios, así que para ella va el post de hoy. Por algo es una de mis lectoras más asiduas...
Felicidades mamá.