1.11.09

Primero de Noviembre

El post de hoy viene impulsado por otro, del amigo Barbas, que me ha hecho sintetizar un poco todo el remolino de ideas que circulaban por mi cabeza a santo de este tema. Es curioso como la lectura ayuda a ordenar la mente, a veces no hemos dado con la clave para expresar algo, pero es posible que alguien sí lo haya hecho.

El día de Todos los Santos es uno de los días señalados en el pueblo. La gente empieza a hacer planes de limpieza semanas antes, las floristerías hacen su agosto y el cementerio pierde su rutina de abandono por, al menos, una semana. El propio día festivo apenas se puede aparcar en un km a la redonda y, quien más quien menos, tiene a alguien a quien limpiar la tumba, poner flores y hacer compañía.

Como todo acontecimiento social en el pueblo, el ritual contiene una gran parte de "compromiso". Quedar bien con el vecino de tumba es casi más importante que quedar bien con el que está dentro de la tumba, incluso alguna vez oí en boca de una señora mayor críticas a "lo poco limpia" que estaba esta tumba o esta otra... Hay mucha gente que va "porque hay que ir" y punto, yo hace unos años también lo hacía. Pero de eso hace mucho.

Cuando tenía unos 15 años, uno de esos días, yo caminaba por el cementerio con mi abuelo. Mi bisabuela había muerto ese año, y estábamos viendo su tumba, en un nicho nuevo que mi familia había comprado. Entonces mi abuelo, un hombre callado que irradiaba tranquilidad, señaló el nicho y me dijo: José, ahí me enterrarán a mí. En honor a la verdad no recuerdo qué le dije, aunque supongo que fué algo así como "No diga usted tonterías", haciendo uso de esa creencia tan extendida en la que pensamos que todos somos inmortales. En sus palabras quise notar un atisbo de petición, un "no te olvides de venir a verme de vez en cuando"... pero mi abuelo era tan indescifrable y suyo como buena persona, así que ahí quedó.

Dos años después, un 13 de Marzo, lo enterrábamos donde él me había marcado. Desde ese año intento ir siempre, aunque estos dos últimos he faltado a la cita por estar dando tumbos por el mundo. Por eso, cuando bajo al pueblo con tiempo, me gusta pasar una mañana en el cementerio. A veces es necesario contemplar algo que no cambia nunca, para ver cuánto ha cambiado uno mismo, hacer balance y mirar adelante con más energía.

Hoy estoy de nuevo en Alemania, mi día de los santos ha sido de todo menos típico y anoche se celebró el Halloween bruselense en la kdd blogger. Parece que en mi vida todo fluye y nada se queda, y aún así a veces me da la sensación de que en el pueblo todo está congelado esperando a que yo vuelva. Muy curioso, sí señor.

6 comentarios:

Bultza dijo...

Sin palabras, muy bueno, como siempre ;)

Eu dijo...

Me voy acostumbrando a leer tus post, acabo de llegar de Loja, y como todos los años estado en el cementerio... y comparto-siento lo que cuentas.
Un abrazo

Sr. Calavera dijo...

Precisamente, José, los cementerios están para darnos ese sentimiento de estabilidad.

Son algo que se supone que queda para siempre, Un ancla que nos une a la gente que ya se a ido y aunque la muerte puede dar miedo, ofrecen la tranquilidad de saber cual es nuestro destino final.

En cuanto al cuidado de las tumbas, bueno, ya sabes que a mi los cementerios no me gustan. Es algo que hacía por obligación y si, esas rivalidades y ese quedar bien se lo que son.

A nosotros nos miraban mal hicíesemos lo que hiciésemos, porque como mi mae ya no vivía allí (Benalmádena)...Pos eso.

En fin, Un saludo José. Buena reflexión la de esta entrada.

Rich! dijo...

¡Pero qué bien escribes jodío!

Un abrazo enorme ;)

Te vull molt ;)

Иbah dijo...

Posiblemente nada y todo cambie al mismo tiempo, todo exista y no exista, ocurra y no ocurra... a la vez.

Saludos

Charlotte Harris dijo...

Dos días despues de vernime de Bruselas (Dos días literalmente) mi abuela se murio. Parece que me estaba esperando...
Yo aun no he obtenido el valor suficiente para poder visitar su tumba...