13.10.11

Poco a poco

Tras atravesar la ciudad, toca buscar aparcamiento cerca del hospital. No es la primera vez que voy y ya le tengo el truco pillado a las zonas, así que no tardo en encontrar un sitio. Con un poco de prisa, me dirijo al super de la esquina y compro unos dulces, que seguro le gustarán. Ana no tardará en llegar, me gusta ir a verlo con más gente porque así parece más patente que todos sus amigos estamos ahí para él. Compro dulces también para Ana y para mí, no sé si a él le gustará comer solo, pero a mí no me gusta, y los pasteles de manzana tienen buena pinta. Aún recuerdo cuando vomitaba todo lo que comía por culpa de los medicamentos, y perdió tanto peso. Por suerte mejoró, y con él su apetito, y creo que ya habrá ganado lo que perdió, incluso un poquito más.

Con estas cosas en la cabeza salgo de nuevo dirección al hospital. Ana me espera en la puerta, leyendo un libro. Le doy un beso, tiene la cara fría de esperar en la calle, igual me he retrasado más de la cuenta... pero llevo la merienda conmigo, así que no se enfada. Atardece y pronto acabará el horario de visitas, así que nos metemos en el edificio y nos dirigimos a la planta de recuperación física y motriz.

Lo encontramos tirado en la cama, pero sonriente. "Me están haciendo andar con un andador" nos dice nada más llegar, y los dos nos alegramos muy mucho. Cualquier persona que lo hubiera visto los primeros días de hospital ni lo habría imaginado. Y la semana pasada ya podía ir de la cama a la silla de ruedas solo. ¡Le pone tantas ganas! Es imposible no emocionarse. "Lo malo es que las viejas me adelantan por los pasillos" bromea, a lo que Ana responde que debe ser que las ancianitas tienen más práctica. Todos nos reímos y nos comemos los dulces, olvidando por unos minutos dónde estamos, que nunca viene mal.

Nos habla un poco de la rehabilitación, y de la posibilidad de que, cuando se encuentre mejor, asistir solo un par de horas diarias y poder volver a casa. Hace ya muchos meses que empezó todo y eso es lo que más ansía. La primera vez que lo ví en el hospital le dije que había que ponerse bueno y que sería un proceso largo, pero que había que ir poco a poco y no desanimarse. En aquel momento no lo entendió, no veía mejoría con el paso de los días. Pero ahora ya puede mirar atrás y decir que ha evolucionado.

Nos despedimos con un beso y salimos del lugar. De vuelta en el coche, comentamos que se ve mejor. Físicamente es notorio, pero anímicamente quizás lo sea más. Tanto tiempo en un hospital desesperaría a cualquiera, pero él ha sabido darle la vuelta a la situación y se esfuerza para estar allí el menor tiempo posible. Poco a poco.

1 comentario:

dragonfly dijo...

El hospital no es plato de gusto para nadie. Muchísimo ánimo para el, abrazos a miles