20.3.11

Los abuelillos

Cerca de casa hay una enorme residencia de ancianos. La verdad es que nunca había visto una residencia así distribuida: cada persona tiene su "apartamento", habitaciones bastante amplias, con su tele, sus muebles y, etc... Y en el centro del edificio hay varias salas de estar y comedores grandes, donde socializar. Como en la mayoría de edificios belgas, la planta baja no tiene ni rejas ni persianas y se ve todo, y al principio me llamaba mucho la atención, y me daba bastante pena ver a los abuelillos ahí, tan afinados, en su "guetto" particular. No sé por qué pero siempre he pensado que los ancianos deben estar a disgusto ahí.

Entonces un día que pasaba por allí con E., vi como él levantaba la mano y saludaba a uno de los ancianos que se asomaban a la ventana. "¿Lo conoces?" pregunté, a lo que él me respondió "Qué va, pero siempre que paso me saluda, y yo le devuelvo el saludo, y siempre me sonríe." Desde aquel día yo también saludo al señor mayor, que igualmente me sonríe. Y desde aquel día, empecé a pensar que quizás no estuvieran tan mal allí, o que simplemente estuvieran allí porque no les quedara más remedio.

En España aún tenemos muy arraigada la costumbre de cuidar de nuestros mayores, aunque supongo que eso cada vez irá a menos, por esa maravillosa manía que tenemos de europeizarnos. Aquí me he encontrado con muchas personas mayores que vinieron de España en su día y que, por h o por b se terminaron quedando. No sé si a mi me tocará algún día estar en una de esas residencias, ni sé si me gustaría... pero para eso todavía queda mucho :)

8.3.11

Sal de tu tierra

"Sal de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré... Marchó, pues, Abraham, como se lo había dicho Yahvé" (Gn 12, 1. 4a).

Hace ya varios meses que escucho y leo la misma cantinela. España va fatal, la crisis va a peor, la gente está harta de los políticos, de la corrupción, de los precios desorbitados de las casas, del paro, de las condiciones laborales, de los enchufes... Pero no veo mucha acción, ni mucha protesta, ni la gente sale a las calles. A lo sumo, alguno se anima de una vez a dejar el país, aunque son muchos más los que hablan de dejarlo sin moverse del sillón.

Yo, haciendo honor a la verdad, no me fui de España porque estuviera mal allí. No fui un visionario y ni mucho menos salí corriendo al ver las orejas al lobo. Me fui porque me apetecía pasar unos añitos fuera, pero siempre con la cabeza puesta en volver. Y me gustaría pensar que se podrá volver, pero desde luego que ahora no.

Hace unos días, leía esta tira de Mel y no sabía si reirme o llorar. Hace muchos meses que no soy el único de mis amigos que se ha ido a buscarse las habichuelas a ultramar, y parece que el grupo va aumentando. No deja de resultar triste que la única salida digna que tenga mucha gente para salir adelante sea, simplemente, irse de la tierra que le vió nacer y crecer, pero también que le formó e invirtió en su preparación. Ya no es una fuga de cerebros, como se decía antaño, cuando los más listos del país se los llevaban otros países más listos. Ahora es fuga de personas, más o menos listas, más o menos válidas pero igualmente formadas y válidas para levantar una sociedad y un país que no son los suyos.

Y así estamos algunos, entre la espada y la pared. Trabajando lejos para poder hacerlo a gusto, pero sin estar a gusto por no estar cerca de la gente que ha estado ahí a lo largo de toda tu vida. Supongo que es cuestión de prioridades y uno debe decidirse por lo que le duela más. Yo ya sé lo que me duele más y en función a eso he decidido. ¿Habrá hecho todo el mundo, todos los parados, todos los jóvenes sin posibilidad de encontrar trabajo, una reflexión así?

3.3.11

La mala educación

Nunca he considerado a los belgas (ni a los flamencos, por concretar) gente maleducada. Un poco fríos, pues sí, pero nunca he visto en ellos malos modos, una palabra más alta que otra... Salvo los típicos borrachos y los viejos gruñones, que de esos hay en todas partes, esta sociedad tira a ser bastante introvertida: si obstruyes el paso en algún edificio público darán un rodeo antes de pedir que te apartes, si ocupas 2 sitios en el tren porque pones tu mochila al lado buscarán otro sitio en vez de pedirte que apartes tus pertenencias.... interacción social mínima, patada y a seguir.

Pero el que no interactúen contigo no significa que no les moleste. Si en los casos anteriores te han oído hablar otra lengua maldecirán a los extranjeros. Y si no lo comentarán en su estado del Facebook... Falta de sangre, digo yo. Pero, todo hay que decirlo, tampoco me convence el método español, que ahí estamos un poco sobrados de sangre: tocamos el claxon del coche a la mínima, maldecimos hasta porque el caramelo se nos pegue al paladar. ¿No hay término medio?

Sé que generalizo y que no todo es blanco ni negro y, sinceramente, a mí no me molesta en absoluto que sean así, pero hay un hecho que me llama mucho la atención últimamente: los saludos.

Cuando vivía en Hasselt, hasta el perro me saludaba. No con palabras (ni el perro ni los humanos), el saludo solía ser un levantamiento de barbilla y un guiño, algo así como muy chulesco, pero que a mí me resultaba simpático. Si te conocían de vista, te saludaban. Si no, pero la otra persona y tú érais los únicos pasando por esa calle, también te saludaban. Siempre lo he dicho, Limburgo es la Andalucía belga, donde está la gente campechana.

En Amberes la gente tiene fama de ser más snob, "Amberes es LA CIUDAD y el resto del país es zona de parking" dicen los más radicales. Aquí la gente saluda menos, y me doy cuenta al subir al bus. Por educación, siempre que me subo digo "goedemorgen" o lo que proceda al conductor, y parece que sólo contesta (con palabras o con gesto chulesco) si tienen más de 40 años. Me resulta llamativo que la gente jóven tampoco les diga nada a los conductores, incluso me hizo pensar si yo hacía esas cosas cuando vivía en Málaga, pero creo recordar que siempre saludaba y el saludo me era devuelto.

Otra situación también curiosa se da a la hora de comer. En el curro hay una sala habilitada para que la gente almuerce, que a la hora de la comida suele estar bastante concurrida. Normalmente, si a esa hora paso por allí digo "eet smakelijk!" (que aproveche!), a lo que espero un "gracias" que no suele llegar. Últimamente casi lo grito, incluso revisé mi pronunciación para ver si lo decía mal pero nada, parece que les da bastante igual. Dejar de decirlo me parece un poco grosero pero si no me echan cuentas... me hace sentir un poco estúpido :)

Son pequeños detalles de una cultura que en el fondo no es tan distinta, pero que me sigue sorprendiendo día tras día.